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Cómo correr... !Y disfrutarlo!

Correr es uno de los ejercicios más completos que existen. Es la base de la resistencia en la mayoría de los deportes (fútbol, tenis, baloncesto) y, cuando decidimos integrarlo en nuestra vida, debemos asumir que exigirá tanto de nuestra capacidad física como de nuestra fortaleza mental desde el primer día.


Cuando tomé la decisión de convertirme en corredora, tuve que reestructurar mi mentalidad y mis hábitos. Como todo proceso importante, se avanza por etapas: primero se camina, luego se trota y finalmente se corre. Respetar ese orden es lo que permite que este ejercicio tan completo pueda incorporarse de forma natural a nuestra rutina diaria.


Al principio, la mente suele bloquearse cuando le pedimos al cuerpo un esfuerzo mayor. Es normal sentir molestias en las piernas o en los pies. No abandone. Es transitorio. Recuerde que su cerebro dirige cada parte de su cuerpo y necesita que usted le proyecte, día tras día, la visión de lo que quiere lograr. Busque lugares donde pueda coincidir con otros corredores; la energía colectiva ayuda más de lo que imaginamos.


Dependiendo de los días que pueda correr a la semana, cree un calendario y alterne los horarios: algunos días por la mañana, otros por la tarde. Así podrá observar cómo responde su organismo en distintos momentos del día. Comience en el horario en el que su cuerpo se sienta menos fatigado. Muchos disfrutan correr al amanecer; otros prefieren las tardes. Lo ideal sería hacerlo por la mañana, antes de trabajar, ya que los niveles de endorfinas —la hormona del bienestar— tienden a elevarse más rápidamente en las primeras horas del día.


Si su rutina solo le permite correr por la tarde, tenga en cuenta que el cuerpo necesita un tiempo para volver a su estado de calma. No espere llegar a casa y dormir inmediatamente después de trotar. Con el paso de las semanas, su organismo se adaptará. Aproximadamente después de tres meses, el cuerpo crea un horario fisiológico propio y el interruptor de sueño empezará a funcionar de manera más estable.


Comience siempre con un paso suave. Cuando el cuerpo y la mente encuentren su ritmo, notará que el paso se vuelve más rápido sin mayor esfuerzo. Concéntrese en el sonido de su cuerpo: sus pisadas, la respiración, las pulsaciones. Llegará un momento en que esos sonidos, junto con la naturaleza que lo rodea, se convertirán en compañía.


Haga del correr una terapia para liberar el estrés del día. Permita que su mente se despeje, escuche música si lo desea o simplemente disfrute del paisaje. Eso sí, mantenga siempre la atención suficiente para estar consciente de lo que ocurre a su alrededor.


Asuma el reto de integrar el correr en su vida y regálele a su cuerpo esa satisfacción. Disfrútelo desde el instante en que amarra sus zapatillas y sale en busca de esa indescriptible sensación de llegar a la meta.


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