Mi última maratón se efectuó el 9 de octubre de 2011 en Buenos Aires, donde alrededor de 7000 corredores disfrutamos unas de las pruebas más lindas que conozco en mi corta vida como corredor, pero bastante intensa en participaciones.

Antes de continuar debo aclarar que corro hace 11 años y soy de condición no vidente y ésta fue mi maratón numero 12. Nací con una enfermedad en los ojos que se llama retinosis, hasta la mitad de mi vida tuve visión normal, luego de los 22 años se empezó a manifestar la enfermedad, provocándome la falta de visión, por lo tanto debía buscar dentro de mí la fuerza necesaria para superar esta dificultad que se me presentaba. Esta nueva vida no era nada fácil, porque las puertas se cierran y las posibilidades laborales son escasas. Deambulé muchos años buscando el camino hacia la superación, y a los 36 años conocí a Mario Castigliego entrenador de la asociación Delfo Cabrera de la ciudad de Necochea,él me enseñó y me alentó a correr, con una soga atados de la mano y trotando tres días por semana, fui dándome cuenta que tenia condiciones para correr, pero lo más lindo era sentirme libre y feliz. Poco a poco me fue agregando días de entrenamiento y mi evolución no dejaba de sorprenderme, recuperé la confianza, la seguridad y las ganas de vivir, hoy a mis 47 años gracias al atletismo, pude formar una familia, tengo una esposa maravillosa, dos hijos, Verónica y Nicolás, y una vida llena de proyectos. La falta de visión no es un impedimento y lo puedo documentar, solo tenemos que determinar que se puede, mas allá de nuestras limitaciones hay que intentarlo, los obstáculos que nos pone la vida están para superarlos.

Volviendo a la maratón, me organicé con dos guías, Lorena y Miguel, ellos me ayudaron a lograr este nuevo objetivo, todas mis maratones hasta ahora las realicé entre 3:09 y 3:22 horas, y esta última fue de 3:18 horas. Entré primero en mi categoría no vidente y 400 en la general, bajo un cielo amenazante de lluvia. Ahí estábamos para largar a las 7:30, con todos los nervios imposibles de evitarlos, alrededor mío estaban mis rivales de ocasión, otros no videntes, amigos fuera de las competencias, pero cuando suena el disparo de largada la rivalidad surge desde adentro y la amistad, mientras corremos, queda de lado. Cantamos el himno argentino y la emoción me desbordaba, los organizadores avisaban por los parlantes que una vez terminado éste, largábamos. La ansiedad me hacía temblar. Hacía cuatro meses que estaba esperando este momento, mi familia estaba ahí, presente como estuvieron viéndome durante largos meses salir en silencio de casa a entrenar, también estaba Anita y Ariel, esposa e hijo de mi amigo Ángel Collar, él debutaba corriendo en esta distancia y finalizo muy bien la carrera.

El griterío de los espectadores era infernal, todos alentando, y se largó, de a poco fui recuperando la concentración y los parciales los fui estableciendo tal cual lo había premeditado. El km 5 pasé en 22:30 minutos, me hidraté con agua y en mi mano derecha llevaba las pasas de uva que más adelante en el km 21 empezaría a comer. Llegamos al km 10 en 45 minutos, todo marchaba bien, Lorena era mis ojos y me llevaba muy bien. Quiero destacar que Lore es joven y a lo largo del circuito los ocasionales espectadores destacaban su belleza. En el km 11 esperaba Miguel para realizar el relevo, Lorena culminaba y continuaba con cambio de guía, el circuito empezaba y terminaba en el mismo lugar atravesando toda la ciudad de punta a punta, mostrando a todos la belleza de Buenos Aires. Entre otros lugares Palermo; la rural; el zoo; la Avenida 9 de Julio, con su imponente obelisco; el cabildo; Plaza de Mayo, junto a la casa de Gobierno; luego Parque Lezama; y la bombonera donde mi querido Boca.

En el km 21 pasé en 1:35, con ese ritmo más la caída normal iba para terminar en 3:15 horas, estaba convencido de esto, las últimas palabras con Lore fueron que me espere en el km 41 para finalizar juntos con Miguel. Todos los que han corrido estos desafíos tan duros sabemos que después de los 30 km empieza la maratón, y ahí íbamos con Miguel, concentrados y disfrutando de todo, nos hidratábamos cada 5 km y el cansancio se adueñaba de mis piernas, los parciales de 4:30 minutos se iban a 4:40, con viento en contra hicimos un par de kilómetros, y esto me resto fuerzas, el gran estímulo era que iba primero y eso era bueno, ya le habia sacado bastante ventaja al de atrás mío, solo tenía que mantener y ya estaba la victoria esperándome.

Km 35, había cesado el viento y solo quedaban 7 km, pasamos muchos corredores y los alentábamos a seguir que ya estaba la gloria esperando. Desde el km 37 al 40 estaba lo más duro, una serie de vueltas por los lagos de Palermo y cada 100 metros una loma de burro, así llamamos aquí a los reducidores de velocidad, no hay manera de sortearlos por lo tanto hay que saltarlos con cuidado de lesionarnos. Los parciales se me caían a 5:15 y ya llevaba 3 horas de carrera.

En el km 38 no me podía permitir que la marca excediera las 3:20 horas, así fui sacando garra y corazón, en el km 40 me esperaba una recta final a la gloria y corrí, corrí y corrí, las piernas todavía podían responder una última exigencia, solo faltaban 2 km y listo. Me concentré en mi familia y los gritos a mis costados de la avenida eran un combustible extra: "Dale José Luís", reconocía algunas voces de amigos.

En el km 41 se sumó Lorena y el arco de llegada estaba más cerca, ya escuchaba la música de la llegada y el griterío de los presentes en las gradas era algo muy emocionante. Superamos la llegada y nos fundimos los tres en un abrazo, ganamos y eso no era poco.

Mientras escribo esta crónica confieso que me agarra un escalofrío en todo el cuerpo. Para concluir, un día me dijo Ulises Barrera, un destacable periodista y maravilloso ser humano: ”El atletismo es el deporte más integrador que hay, todos los que pasan la meta y levantan el brazo triunfante es porque algo han superado en sus vidas”. Bueno, espero que quien lea esto y esté atravesando un obstáculo sepa que solo tienes que confiar en ti.

Un abrazo de José Luis Urteaga, Necochea 18 de octubre de 2011.
Guías: Lorena Cristensen y Miguel Cases de Maipu.



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