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Hombres vs. animales

Comparativa de velocidad y resistencia del hombre con otros animales

Cada año, desde 1980, se celebra en la localidad galesa de Llanwrtyd una carrera en la que humanos y caballos compiten en un recorrido de 35 kilómetros. Esta prueba, claramente descompensada, surge a raíz de la creencia de que los hombres poseen una mejor resistencia que la de los caballos y que es a causa de esto por lo que permanecen más frescos en carreras de larga distancia. Lo curioso es que algunos hombres vencen a algunos equinos.


La relación del ser humano con la velocidad y la resistencia siempre ha sido ambivalente. No somos los más rápidos ni los más fuertes, pero poseemos una combinación única de capacidades que nos ha permitido prosperar como especie.


Velocidad: nuestra gran desventaja

La velocidad máxima humana registrada ronda los 44–45 km/h, muy lejos de los grandes velocistas del reino animal.


EspecieVelocidad máxima
Guepardo100–120 km/h
Antílope americano90–100 km/h
León80 km/h
Caballo70 km/h
Galgo65 km/h
Ser humano44–45 km/h

El ser humano no es competitivo en velocidad pura. Nuestra anatomía —piernas relativamente cortas, musculatura menos explosiva y postura erguida— no está optimizada para sprints. La mayoría de los animales rápidos dependen de la velocidad para cazar o huir; nosotros evolucionamos hacia otras estrategias.


Resistencia: nuestra verdadera fortaleza

En largas distancias, el ser humano es uno de los mejores corredores del planeta. Varias adaptaciones lo explican:

- Sudoración eficiente para refrigerar el cuerpo.
- Marcha bípeda que reduce el gasto energético.
- Tendón de Aquiles largo y pies con arco que mejoran la economía de carrera.
- Gran capacidad pulmonar y control respiratorio.


EspecieResistencia
CaballoMuy alta
LoboMuy alta
PerroAlta
Guepardo
Ser humanoExcepcional


Algunas teorías sugieren que los primeros humanos practicaban la caza por agotamiento: perseguían a un animal durante horas hasta que este caía agotado por sobrecalentamiento. Muy pocos animales pueden mantener un esfuerzo prolongado bajo el sol sin sobrecalentarse; nosotros sí.


Conclusión

No somos velocistas, pero sí maratonistas naturales. Nuestra combinación de resistencia, inteligencia y cooperación ha sido clave para nuestra supervivencia y éxito evolutivo.


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