Como os prometí, y ya haciendo las maletas para pasar “el charco”, os hago partícipes de mis últimas vivencias en los entrenos que he realizado para preparar ¡¡MI MARATÓN!!!

En el anterior escrito terminé diciéndoos: “Ya he superado el hito de las dos decenas de kilómetros. Hoy, 4 de septiembre, he corrido por primera vez 25 kilómetros seguidos. Dentro de dos semanas me adentraré en las tres decenas. Intentaré hacer 32 kilómetros. Pensarlo me pone un poco nervioso. ¿Podré con ellos? ¿Se me aparecerá EL MURO?. Seguro que tendré más momentos de penuria. Pero confío en que, como los del día 20 de agosto, sean pasajeros”. Pues bien, el segundo domingo de septiembre, como estaba previsto, recorrí los 32 km y no se me apareció el muro. Terminé muy contento por haberlo conseguido aunque, según plasmé la vivencia en el “diario de entrenos” de ese día “...Los dos últimos kilómetros fueron eternos, parecía que el medidor de distancia no funcionaba. El que no avanzaba era yo. Creo que la imagen era patética. No corría, no andaba, iba arrastrando los pies. Pero llegué. Tardé mucho tiempo, pero conseguí vencer los 32 kilómetros”.

Desde ese momento, el entrenamiento ha sido un continuo subir y bajar por la montaña rusa de las sensaciones. Como os he dicho, el día 11 hice mis primeros 32 km. seguidos y, 3 semanas más tarde, tenía planificado hacer 36 km., pero no pude. Ni siquiera lo intenté. El desgaste sufrido en la tirada de 32 km. y la acumulación de kilómetros que llevaban mis piernas (578 km.), además de los consejos de los amigos corredores que he ido conociendo a lo largo de esta aventura (en especial los de Santi, Luis y José Manuel), me llevaron a desistir de esa batalla. Me conformé con recorrer 25 km. y, además, terminé con una “lesión” en el tendón de Aquiles: en concreto, con una “tendinopatía de Aquiles izquierdo”. Así lo expresé en mi diario ”...En lo referente a la cuestión muscular, todo fue bien hasta que, en el kilómetro 17, noté una especie de calambre, unido a una sensación de quemazón, en un punto concreto del Tendón de Aquiles de la pierna izquierda. No sé si era un calambre porque nunca había tenido uno. Lo cierto es que, con algo de miedo, seguí corriendo hasta terminar el entrenamiento...”

Está claro que este deporte da para todo: para lo bueno y también para lo malo. Para la alegría que sentí el domingo 16 de octubre después de concluir, con buenas sensaciones, por segunda vez en mi vida, una tirada de 32 km. Así lo expresé en el diario: “Con la intención de simular lo más posible el escenario de NYC, he realizado el entreno comenzando con el recorrido exacto del Medio Maratón de Madrid, y lo he concluído dando dos vueltas al circuito que tengo medido en el Retiro. No tenía muy claro que correr 32 km. fuera lo más correcto a estas alturas del entreno pues todos me dicen que no es necesario hacer tan largas tiradas. Tampoco tenía claro que fuera a aguantarlo después de los 8 km. de ayer y de mi mal curada tendinopatía del tendón de Aquiles izquierdo. Pero el resultado ha sido más que satisfactorio ...Estoy muy contento. Creo que tengo posibilidades reales de cumplir mis dos objetivos: cruzar la línea de meta y hacerlo en cuatro horas y media.” Y, como también he dicho, hay lugar para lo malo, para la mala sensación e inseguridad que se siente cuando, a dos semanas del día clave, estando en el periodo de recuperación y recarga de pilas, te acatarras, no te atreves a tomar medicamento alguno para no perjudicar en exceso tus fuerzas o te automedicas con lo que crees más suave e inofensivo, y ves, para tu desdicha, que han pasado cinco días, y no entrenas porque no has conseguido vencer a los bichitos que se han alojado en tus pulmones. En ese momento, desesperado, acudes al médico, le cuentas tu caso y te dice “Muy mal hecho. Has perdido una semana muy importante por tu injustificada aversión a los medicamentos”. Está claro que ha sido otro error. Hoy, a 6 días del maratón, sigo sin haberme repuesto del todo de este maldito catarro. Hoy domingo he salido decidido a entrenar y el resultado ha sido el que he expresado en mi diario: “Empecé con la intención de hacer 16 km., o al menos los 12 km. que figuran en el plan de entrenamiento, pero al poco de comenzar ya tenía las pulsaciones disparadas, sobrepasando las 170. Este hecho no hacía presagiar nada bueno. Así sucedió, cuando llevaba cerca de 4 kilómetros el tono muscular no parecía estar bien. Aun así no estaba preocupado, ya que lo normal en mí es que hasta que no supero los 4 ó 5 primeros kilómetros no esté cómodo muscularmente, pero las pulsaciones sobrepasaban las 180 y, aunque, como en otras ocasiones, las sensaciones no eran malas, me pareció que no merecía la pena seguir corriendo en esas condiciones. Creo que hubiera podido hacer los 12 km. pero... ¿Para qué?. Decidí que, a estas alturas de la “película”, no merecía la pena forzar para, simplemente, cumplir con el teórico plan de entrenamientos. Pensé que lo mejor que podía hacer, para no descartar el primero de los objetivos de mi reto personal (llegar a la meta), era ducharme y meterme en la cama para intentar resolver el maldito catarro que tengo. Cada día tengo más claro que el segundo de mis objetivos, llegar en cuatro horas y media, se me escapa de las manos. Una verdadera pena". La próxima semana, con la intención de no perder todo el tono muscular y, también, de bajar las pulsaciones, saldré a correr suave los 4 primeros días. Espero que todo sea diferente.

Pues bien, aún así, me siento contento y afortunado. Puedo decir que he concluido con éxito el Plan de entrenamiento (ver cuadro resumen en la página 4 del diario de entrenos). He conseguido superar las “crisis” que genera el agotamiento. También los problemas de agenda que me forzaron, en más de una ocasión, a cambiar el día del entreno, e incluso a cancelarlo sin recuperación posible. He sufrido y “superado” mi debut en el campo de las lesiones, gripes y catarros, además de mis problemas de espalda, que se dejan notar un poco más cada día. Pero no importa. Eso forma parte ya del pasado. Ahora, a punto de partir hacia la pista de competición donde, cual gladiadores de la lejana Roma, cada uno de los participantes se reta y enfrenta a si mismo, me siento bien y con ganas de afrontar el reto.

Todo el mundo me dice que no me preocupe, que estoy preparado para ello; que, pase lo que pase, solamente tenga en mi cabeza la determinación de disfrutar de la gran fiesta; que es mi primer maratón y que un día así es único en la vida y por lo tanto, no merece la pena desdibujarlo por la angustia de la incertidumbre. Por mi parte, reflexiono sobre todos estos comentarios y consejos e intento interiorizarlos, pero no puedo dejar de presionarme, y cargarme con cierto grado de ansiedad cuando pienso en una posible lesión, o en el puñetero muro (los expertos me han dicho que, con el entrenamiento que llevo y siendo mi primer maratón, es muy probable que no “aparezca”). Así pues, como os he dicho, con la percepción de la botella medio llena y, salvando el hándicap de no poder atisbar el futuro, estoy totalmente convencido de que en breve os podré contar mi vivencia en “la gran manzana” y que, por encima de los momentos duros, incluso críticos (que los habrá), mi último relato sobre este proyecto será como el final de un cuento infantil: estará cargado de felicidad.

Pasando al plano “técnico”, si habéis echado un vistazo al Plan de Entrenos, habréis visto que en las primeras hojas he volcado el itinerario oficial del maratón y también el perfil de la carrera. Pues bien, como solamente he estado en Nueva York una vez, y en aquella ocasión no tenía intención alguna de hacer el maratón, no tengo ni idea de la dificultad real a la que me voy a enfrentar. Para hacerme una idea más cercana a la realidad, dentro de la cuarta y última fase de entrenamiento antes de la gran cita, se me ocurrió confrontar la dificultad de las subidas del Maratón de Nueva York con las del Medio Maratón de Madrid. ¿Cómo lo he hecho?. Pues de una manera sencilla: he impreso el perfil de la Web Oficial del Maratón. Después, como la impresión sale en tamaño reducido, lo he aumentado en la fotocopiadora. Tras ello, y recordando mis tiempos de estudiante, he medido las distancias de las subidas y las diferencias de altitud. He comparado los resultados con las cuestas que ya conozco de la Media Maratón de Madrid y de los circuitos por donde normalmente corro. Con la información obtenida, puedo hacerme una idea más aproximada de lo que me voy a encontrar, lo cual, como os he dicho, me da cierta tranquilidad. Ya sé que mi forma de hallar los porcentajes de elevación de las cuesta no es muy precisa. Ya sé que la longitud en una subida no es igual que la proyectada en su base, y que al sacarlo de una impresión aumentada en fotocopiadora, pierde mucha precisión, por supuesto. También sé que una subida al principio de carrera no es igual que al final y, menos aún si hablamos del final de un maratón, pero, aun así me resulta orientativo, y me sirve. Otra de las cosas que he hecho es intentar visualizar en mi memoria la posición kilométrica de las subidas, sobre todo de los puentes: (Kilómetro 14, LAFAYETTE AVENUE); (Kilómetro 22, PULASKI BRIDGE); (Kilómetro 25, QUEENSBORO BRIDGE); (Kilómetro 31, WILLIS AVE BRIDGE); (Kilómetro 37, FIFTH AVENUE) y (CENTRAL PARK).

En fin, que los días que me restan hasta el domingo los voy a emplear en la concienciación y, si es posible, visualización de las dificultades que me encontraré. Para ello, volveré a leer, hasta que se me queden grabados, los consejos que Tomás Vich Rodríguez nos da respecto a las fases psicológicas del maratón".

Como dijo Julio César al cruzar con su ejército el Rubicón: “Alea jacta est” (la suerte está echada). A mi regreso, os contaré si ha merecido la pena tanto esfuerzo y dedicación, Hasta pronto.

P.A.G. Corredor dominguero (Septiembre - Octubre 2011)
Ver plan entrenamiento




Déjanos tu comentario sobre este artículo:

NOMBRE  FECHA  TEXTO




Tema:              

Nombre:          

Email:              


Comentario:


El envío de este formulario implica la aceptación de nuestra política de privacidad.
Los datos facilitados son responsabilidad de la persona que los transmite.